lunes, 7 de enero de 2013

KAMAKURA


I

Mis raíces sedientas
se hunden en tu piedra.
Busco el remoto origen
de aquel nombre
más mío que mi nombre.

Un extraño fulgor puebla mis venas.
Siento
que una flor mineral
me nacerá en los ojos
para mirar de nuevo el mundo
desde la palma de tu mano.

II

Me llamaste tal vez.
Los viejos surcos muertos
se reabrieron.
Juntos nos fuimos
a un pasado pequeño
frente a tu gran pasado.
Pero sentí que me mirabas
y me reconocías.

III

¿Puede dar luz la piedra?
¿Puede dar paz el bronce?
¿Nos será revelado
el misterio que hace
que la piedra fulgure
y que susurre el bronce?

Autora: Alba Correa Escandell

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